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Jueves, 23 de noviembre de 2017

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Revista Española de Sanidad Penitenciaria
 
 
 
 
 

Intercambio de jeringuillas en la prisión de Pamplona.

F. J. se inyectó cocaína y heroína por primera vez a los 14 años. Ahora tiene 39 y cumple condena de 11 años en la prisión de Navarra por robar para conseguir droga. Está coinfectado de sida y hepatitis C.

"Desde hace cinco años sólo me he inyectado dos piquillos y el servicio médico me facilitó la jeringuilla, algo que me chocó bastante. La gente se porta muy bien conmigo. Al fin y al cabo, ellos vienen a ganar su pan al igual que yo lo hacía cuando iba a trabajar a la obra. Ahora tengo que salir de esto, por mí y por mi familia. Mi hermano es mi mejor amigo y quien me ayuda a no recaer. Lo que tengo claro ahora es que la droga no merece la pena y que no debería caer en manos de la juventud", apostilla F. J.

El centro penitenciario de Pamplona alberga hoy a una población de unos 240 reclusos, entre preventivos y penados. El proyecto premiado, Siete años del programa de intercambio de jeringuillas, se inició en 1998 a raíz del recurso de un interno que, respaldado por un distintas asociaciones, solicitó que se estableciera el programa de intercambio de jeringuillas (PIJ) en usuarios de drogas intravenosas en la cárcel en condiciones similares a los del exterior. En 1997 el 35% de los reclusos eran usuarios de droga por vía intravenosa y el 19% VIH positivos.

"El consumo de cualquier sustancia psicotrópica está prohibido en la prisión pero aun así se consume. Lo que el programa pretende, de manera confidencial, es evitar el contagio de enfermedades de transmisión con el virus del sida o la hepatitis C y, para ello, se facilita un kit con jeringuilla estéril. De esta manera, evitamos que fabriquen, reutilicen o intercambien jeringuillas. También aprovechamos el momento del intercambio para hacer intervención sanitaria en consumo de menos riesgo o condiciones estériles", explica Miguel García Villanueva, jefe de servicios médicos del centro penitenciario de Pamplona.

Al principio del programa existían grandes temores tanto por parte de los reclusos como de los funcionarios, según García Villanueva. Los primeros porque pensaban que podía ser un mecanismo de control del centro y no fuera confidencial y, los segundos, porque no entendían por qué se facilitaba una herramienta para consumir sustancias prohibidas. Pero "se ha constatado que las medidas de prevención que hay en el exterior son fiables en un centro penitenciario; al menos durante estos años no se ha producido ninguna seroconversión ni de sida ni de hepatitis C y casi no se atiende patología asociada al uso de drogas por vía intravenosa. En estos siete años se han intercambiado 8.000 jeringuillas, a una media de 100 al mes", dice García Villanueva.

Los trabajos galardonados, que son referencia europea en sus respectivas materias, se pueden descargar de la páginas web del Ministerio de Sanidad, (www.msc.es) y de la OMS, (www.who.int).

Premio Pamplona (Castellano)

Premio Pamplona (Inglés)



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