El número de casos de TB ha mostrado una tendencia creciente en la última década, debido básicamente al impacto de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH-1). En España, este incremento en el número de casos se ha producido en todos los grupos de afectados por el VIH, pero especialmente en los usuarios de drogas por vía inyectada (UDIs), colectivo que ya era considerado de riesgo en la época previa a la aparición del SIDA. En España hay aproximadamente 100.000-150.000 UDIs y se estima que la tasa de infección por el VIH-1 en este colectivo es del 40-50% y de infección tuberculosa del 50%. Por otra parte, estimaciones presumiblemente a la baja calculan que en España hay 40.000-60.000 coinfectados por el VIHMycobacterium tuberculosis y que el riesgo de progresión a tuberculosis en los infectados por el VIH es aproximadamente del 5-15% anual.
En las prisiones este problema se agrava, dado que los UDIs, los inmigrantes procedentes de países con pandemia de tuberculosis y otros grupos desfavorecidos socioeconómicamente ingresan con frecuencia en centros penitenciarios. En España, el 20-25% (cifra probablemente en ascenso) de la población reclusa es extranjera y procede en su mayor parte de países en vías de desarrollo, el 30- 40% declara haber consumido drogas por vía endovenosa y, aproximadamente, el 15-18% está infectada por el VIH-1, alcanzando hasta el 50% en los IDVP. Las prisiones españolas acogen, por tanto, una población con alta prevalencia de TB que no acude con asiduidad a los dispositivos sanitarios extrapenitenciarios, muchos de los cuales mantienen su único contacto sanitario con la Sanidad Penitenciaria y no directamente con las prisiones, y que por las propias características como institución cerrada de las prisiones incrementa el problema.
Los centros penitenciarios permiten, sin embargo y por su carácter cerrado, un fácil acceso a los pacientes y la inclusión de éstos en programas de salud, atención médica y educación sanitaria así como el control epidemiológico de estas enfermedades.
Los programas de TB efectuados actualmente en las prisiones españolas han demostrado ser eficaces, consiguiendo -sobre todo a través de la búsqueda activa de casos y la aplicación de tratamientos directamente observados (TDO)- una reducción importante del número de casos de TB.
No obstante, las prisiones de nuestro país son extraordinariamente permeables y los programas antiTBC intrapenitenciarios, por éste y otros motivos, deben estar íntimamente coordinados con los programas efectuados extrapenitenciariamente. Entiende por ello la SESP que, a pesar de los buenos resultados, puede ser peligroso el que se instaure la confianza sobre el control de la TB, ya que existen todavía aspectos como el tratamiento de la infección tuberculosa latente o la coordinación intra-extrapenitenciaria claramente mejorables. Esperamos que este Manual que ahora tenéis en vuestras manos, y que conocimos durante la celebración del III Taller sobre Programas de Control de la Tuberculosis de 1999 celebrado en Barcelona, a través de los Doctores Joan Caylá y Andrés Marco, quienes nos animaron a traducirlo al español, sirva de ayuda en la lucha contra la TB en prisiones, y ayude a que los profesionales que trabajan en la Sanidad Penitenciaria española, perfeccionen los Programas vigentes y continúen mejorando su labor en el control de la TBC.
No deseo finalizar estas líneas sin agradecer a la OMS que haya facilitado la traducción de esta obra, a los traductores, Dr. Vicente Martín y Gordon Keitch, y a los revisores encargados de la supervisión técnica, los Drs. Santiago Moreno y Fernando Dronda. A todos ellos, en nombre de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria, nuestra felicitación por su gran labor y nuestro agradecimiento por su colaboración y ayuda.
Pablo Saíz de la Hoya Zamácola
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